• La Escalera Política
    Miguel A. Manrique
    Amante de la Filosofía, Arte, Sociología y Literatura

La retórica de Sánchez

La retórica de Sánchez
Miguel Ángel Manrique | La Escalera Política
>> Lun, 31/10/2016 Política Nacional

Hoy los planes políticos de Pedro Sánchez han quedado, de forma meridiana, establecidos. Pero existen multitud de preguntas que han sembrado y colmado a los medios de comunicación desde que se decidiera la disolución de su ejecutiva y la instauración de una gestora al frente del partido socialista. Pero, quizá, la pregunta más importante, aquella que ahonda en el verdadero origen de la situación actual del que fuera secretario general de la socialdemocracia española, no se haya planteado aún, o aun habiéndolo hecho, no se ha dado con una respuesta certera, con esa verdad categórica que explica por qué pasan las cosas.

Aquí, en esta sección política, no voy a intentar plantear dicha certeza, ya que seguramente erraría, tan sólo defenderé mi opinión acerca de los motivos del giro de acontecimientos que, de seguro, ni el propio Sánchez había imaginado en su inminente futuro político.

¿Cuál ha sido el germen de la debacle política de Pedro? Firmemente creo que su retórica. Aquello que para muchos, hoy día, es cosa de antiguo, del pasado, de otras épocas que tan sólo son recordadas y revividas por quienes leen a Aristóteles, Heródoto o Catón –no el de mi admirada Matilde Asensi, que es una maravilla–, sino Catón el viejo, el apodado “sapiens”.

La retórica, esa vieja olvidada, es la que siempre –incluso hoy día, no lo olvidemos–, te ayuda a defender, refutar o exhortar una idea, por pueril o ruin que parezca. Con una buena retórica, dicha idea, será defendida, incluso, por aquellos que la retractaban. A Pedro, en mi opinión, le faltó retórica, pero ¿para qué? Para aceptar el momento político que le había tocado vivir. Para defender que tras perder dos elecciones generales con los peores resultados en la historia de su partido era el momento de practicar otro modelo de discurso de todas todas, y comenzar a allanar el camino que finalmente, todos, sabíamos que iba a terminar sucediendo: el partido socialista abocado a abstenerse amenazado con la daga del momento político actual sobre su garganta y con aves de rapiña circundando su espectro político en busca de carroña.

A Pedro Sánchez le faltó ver más allá de sentimientos enconados que surgen a un socialista desde sus entrañas ante tal panorama. Le faltó olvidar la cerrazón del discurso negativo para abrazar otra posibilidad –recordando que rectificar es de sabios–, y practicar la retórica, aquella que con tiempo y buenos argumentos hubiera convencido a su electorado acerca de la nueva situación del partido, del nuevo rumbo que debía tomar y, quizá, hubiera salido reforzado por la decisión y la altura de miras ante aquel momento político, llevando al ex secretario general vivo y coleando hasta nuestros días y permitiendo practicar una oposición férrea y programática e incluso, quién sabe, si vendiendo su abstención a precio de oro y es que, en la nueva política pueden valer nuevos argumentos y formas pero lo que no se puede, bajo ningún concepto, es olvidar poner en práctica a una de las mayores y mejores formas de discurso: la retórica.

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